Desde que comenzó la cuarentena por la pandemia de coronavirus, una de las mayores preocupaciones del sistema de salud a diario fue evitar el riesgo de un colapso sanitario. Una aflicción relacionada tanto con el número de camas en el sistema público y privado de salud como también con la cantidad de médicos y enfermeros disponibles para darles una buena atención a los pacientes. Hoy, que la curva de casos está en descenso, van quedando algunas lecciones que sería bueno no pasar por alto.

¿Qué ocurrió con los recursos humanos de la salud? Si bien las autoridades hicieron un gran esfuerzo para elevar el número de camas disponibles en las terapias intensivas, se encontraron con un problema que no podían resolver tan fácilmente: la cantidad de profesionales necesarios para atender los pacientes internados era insuficiente.

El problema con los terapistas es que son pocos. El Colegio Argentino de Terapia Intensiva (CATI) advirtió que la carencia de este tipo de especialistas representa un "peligro nacional". Carlos Vizcarra, jefe de terapia de un sanatorio y uno de los jefes en el Hospital Padilla, dijo que en el país hay 1.800 terapistas, mientras que en Tucumán hay solo 50 certificados. En el fondo, según el profesional, viven situaciones injustas y por eso no son muchos los que eligen esta especialidad. Pese a estar altamente calificados y entrenados, ganan sueldos bajos. “No estamos bien pagados, deberíamos trabajar en un solo lugar, pero vamos de una guardia a otra”, explicó

A esta situación se sumó que en medio de la pandemia, al estar todos ellos en la primera línea de combate frente al coronavirus, se volvieron más vulnerables a sufrir contagios en mayor medida que cualquier otra persona. También soportaron –y siguen soportando-una mayor carga de dolor humano, por el sufrimiento de los pacientes y de los familiares.

En general, después de meses de trabajo extenuante y riesgoso, la mayoría de los médicos y todo el personal de salud ya denota señales de un importante desgaste físico y mental, según advirtieron desde las distintas agrupaciones que nuclean a los profesionales.

Se calcula que en Tucumán fallecieron 46 médicos desde que comenzó la pandemia. Asimismo, la exposición coronavirus, el exceso de horas de trabajo y la demanda emocional puesta en juego en la atención a pacientes contagiados convierten a los galenos y enfermeros en las víctimas más propensas a desarrollar malestares psíquicos. Muchos especialistas advierten que el estado mental del personal de salud es actualmente similar al de un soldado al frente de una batalla. Un aspecto que las autoridades deben atender cuanto antes: cuidar a los que nos tiene que ser una prioridad en medio de esta pandemia y siempre.

En un futuro no muy lejano también será necesario evaluar cómo se puede motivar a más profesionales para que se decidan a la atención en terapia intensiva: habrá que diseñar programas especiales o mejorar las propuestas económicas. Mientras tanto, también las autoridades deberán ver cómo atienden los constantes reclamos que vienen haciendo los médicos: cobro de sueldos bajos, falta de paritarias y de reconocimiento por insalubridad, entre otros puntos. Si algo aprendimos este año es que la salud es lo primero. Y bastan los ejemplos –desde las epidemias de viruela y gripe hasta la de coronavirus- para demostrar que algo no cambia desde hace siglos: es la asistencia y el cuidado de los médicos y enfermeros lo que alivia y ayuda a sobrellevar el sufrimiento.